La Zaragoza más Clandestina

La Zaragoza más Clandestina

En poco más de un año, La Clandestina se ha convertido en uno de los establecimientos de moda, ideal para comer, cenar, tomar el brunch, una copa, un café con tarta…


La Clandestina ha tardado pocos meses en dejar la clandestinidad. De la idea de su nombre, “el contraste entre el atractivo de lo oculto y lo desconocido y la visibilidad que tiene el local”, por suerte (y méritos propios) ha prevalecido la segunda parte. En un año y medio se ha convertido en uno de los establecimientos de moda gracias a su original y cuidada carta, a su espectacular decoración, a su ambiente bohemio y cosmopolita y a todos los detalles que se pueden encontrar en su interior, desde las tartas caseras a las cervezas artesanas, pasando por el trato del personal.

La Clandestina es la apuesta de Fernando Solanilla y Susana Casanovas, que además de propietaria es la cocinera y creadora de la carta, por traer a Zaragoza un estilo de bar/restaurante que habían visto en sus viajes por diferentes rincones del mundo y que creían que hacía falta en la capital aragonesa. Y no se equivocaban. Han logrado crear un oásis en medio de la ciudad en el que se puede desayunar, tomar un café, disfrutar de un libro con música de fondo, tomar su popular brunch, merendar una tarta, comer y cenar o tomar una copa o un cóctel en un ambiente agradable e íntimo. La Clandestina es una mezcla perfecta entre restaurante, cafetería, bar de copas… Todos los clientes y gustos tienen cabida en este luminoso establecimiento situado en el número 9 de la calle de San Andrés. “Una de las cosas que más nos dicen y que, además nos gusta mucho, es que lo mejor de La Clandestina es que aquí cabemos todos. Y es cierto, porque tenemos gente de todas las edades, parejas que buscan un ambiente íntimo, grupos de amigos, familias…”, explica Fernando.

Pero La Clandestina es mucho más que un buen ambiente y una decoración cuidada, que también. Y es que, otro de sus grandes argumentos está, como no podría ser de otra forma en un bar, en su cocina. “En nuestra carta apostamos por la cocina de proximidad, en los productos que usamos buscamos el kilómetro cero, que sean ecológicos… Son productos del día a día, pero les damos una vuelta para buscarles sabores exóticos y sorprendentes con platos elaborados con técnicas de alta cocina”, asegura Susana, quien además de haber elaborado toda la carta también hace todas las tartas caseras que sirven.

Pero la carta de La Clandestina no es su único reclamo. “Queremos que el protagonismo lo tenga la gente que viene, por eso buscamos el ambiente más adecuado para cada momento del día teniendo en cuenta la iluminación, la música… Cuidamos todos los detalles, dando un buen café, cervezas artesanas, vinos aragoneses o repostería casera”, explica Fernando, quien también recalca la importancia de explicar a los clientes qué están comiendo y por qué: “Nos gusta que sepan cómo están hechos, qué llevan y por qué son así y no de otra forma. Nos ayuda a que lo disfruten más y también valoren mejor el trabajo que hay detrás”.

Es cierto que La Clandestina sigue manteniendo el atractivo de lo desconocido, ya que cambia constantemente según la hora, el día y el ambiente. No hay una ‘clandestina’, sino varias. Pero todas sus personalidades se han convertido en un fijo para muchos zaragozanos.

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